LA IGLESIA Y LA BIBLIA

¿Quién tiene más autoridad?

Cuando el Salvador manda a predicar a los Apóstoles, les dice que vayan a “todas las criaturas” Mc 16, 15-16
y que les prediquen y las bauticen. El mismo Señor pone dos condiciones para la salvación: BAUTISMO Y FE.
Si uno vive la fe y es bautizado es salvo; tenemos pues que tener fe para ser salvos… pero FE DIVINA, no fe humana, pues ésta no salva.
¿Qué es “Fe Divina”? Es creer, bajo la autoridad de Dios, toda la verdad que ha sido revelada, no la que yo entiendo. Eso es fe divina.
San Pablo nos da ejemplo en I Corintios 15, 1-2:

“Hermanos, les recuerdo la Buena Nueva que les prediqué, y que ustedes recibieron y en la que perseveran firmes. Por ese Evangelio ustedes se salvan, con tal que lo guarden TAL COMO YO SE LOS PREDIQUE. De otro modo HAN CREIDO EN VANO”

Hay personas que dicen: “¡no importa a que Iglesia asistas!”. Pero la verdad es otra: sí importa, pues debes buscar la que tiene la enseñanza valida, si no HAS CREIDO EN VANO.

¿Cuál es, entonces, la verdadera fe? Nuestros hermanos protestantes contestarán: “Creer en Jesús, como Señor y Salvador”. ¡Estamos de acuerdo en eso! Todos los cristianos creemos en esto. ¿Pero qué es “creer en Jesús”?
Nuestros hermanos protestantes dirán: “Creer que el es el Hijo de Dios y Dios mismo”. De nuevo estamos de acuerdo, gracias a Dios todos los cristianos creemos esto, a excepción de los Testigos de Jehová que niegan la divinidad de Jesús. Ahora bien si Cristo es Dios, entonces tenemos que aceptar su enseñanza completa y ponernos bajo su autoridad, ¿no es así? Nosotros los católicos decimos Amén a esto. Creemos que Jesús es el Hijo de Dios encarnado y Dios mismo, y que en un acto de amor nos ha salvado y por eso nos ponemos bajo la autoridad de su Padre Dios... y todo esto lo creemos en fe y por fe; sin fe no hay salvación, no hay esperanza, ni cielo… sin fe solo hay condenación. Creemos firmemente en la palabra de Jesús: “El que cree en mi no morirá”.

Pero querido hermano, para creer todo lo que Él enseñó, tenemos que saber QUÉ fue lo que Él enseñó y aún más, debemos saber que lo que enseñó fue en modo bien simple, para que hasta los tontos lo entiendan y se salven (¡los tontos también se salvan!), y que por lo tanto su Palabra debe ser infalible, de forma que el que la siga tenga la seguridad de que ha creído sin error ni temor en lo que enseñó Jesús.

Si Jesús dijo que quien cree en Él y en lo que Él ha enseñado tiene vida eterna (Jn 14, 21), entonces debe haber un método para reconocer cuál es su mensaje, en estos tiempos de tanta confusión. ¿Nos ha dado Jesús este método? Un protestante dirá: “Seguramente, es la Biblia”. De acuerdo, como católicos estamos de acuerdo también en esto… pero con la correcta interpretación; una interpretación incorrecta da un mensaje incorrecto y entonces “habremos creído en vano”.

No es la libre interpretación de la Biblia lo que Jesús mandó a enseñar a los hombres, sino que fundó su Iglesia quien es, según Pablo en I Timoteo 3, 15, “Pilar y Fundamento de la verdad”.
Jesús fue muy claro con su voluntad (que es la del Padre); si Él hubiera querido que el hombre aprendiera lo mandado para hacer su voluntad de un libro, ¡lo hubiera mandado a escribir!
¿Ordenó Cristo Jesús escribir algún libro? ¡Absolutamente no! Cristo mandó a sus Apóstoles a predicar, Bautizar y a vivir su testimonio (Mc 16, 15-16).

Cristo no dijo: “Siéntense y escriban el Nuevo Testamento, para que todo hombre que lo lea lo interprete a su manera y saquen su propia conclusión”. Si así hubiera sido no hubiera existido el Cristianismo en la faz de la tierra, pues nos hubiéramos extinguido en peleas y disputas en el primer siglo (como ocurre ahora). Dice Jesús en su Testamento: “Que todos sean uno, como tu Padre, estás en Mi y Yo en Ti. Sean también uno en nosotros, así el mundo creerá que tu me has enviado” (Jn 14, 21).
También de los Apóstoles, que entendieron esto, “Acudían asiduamente a la enseñanza de los Apóstoles, a la convivencia la fracción del Pan y a la oración” (Hech 2, 42).

La idea de la libre interpretación de la Escritura no se conoció en los 15 primeros siglos del cristianismo. Esta idea (casi un dogma protestante), surge de la Reforma y como consecuencia, desde este siglo hasta hoy, hemos visto dividirse la Iglesia y perderse la caridad entre los cristianos para escándalo y mofa de los no creyentes. Esto es lo que yo llamaría “la no-voluntad de Cristo”.

En 1530, debido a la Reforma Protestante, ya existían más de 400 “Iglesias” diferentes. En 1600, hubo más de 100 rompimientos en varias sectas. Para 1900, habían 1000; para 1981, más de 20,700. Hoy hay más de 33.800 fracturas en el Cuerpo de Cristo, y todas, excepto una, fueron fundadas por una simple criatura humana. Las comunidades no católicas han aumentado, en número, en aproximadamente un 65% en solo veinte años[1]. ¿Fue esta la Voluntad de Cristo?

Cristo envía a los Apóstoles con autoridad a enseñar a las naciones[2],
pero NO dio ningún mandato de escribir su Palabra. Reto a cualquiera que me muestre un texto de Jesús donde diga o insinúe esto. Prueba de lo contrario, es que de doce Apóstoles, solo dos escribieron: Mateo y Juan. Sin embargo, los doce predicaron y once[3] de ellos sellaron con su vida esta predicación. Esto nos muestra que los que oyeron a Jesús y recibieron sus mandatos no se consideraron “Religión del Libro” como sus compatriotas Hebreos.

El primer Evangelio escrito, es el de San Mateo y fue escrito para beneficio de la comunidad judeo-cristiana, y no para la Iglesia universal. Se escribió unos siete años después de la Ascensión de Jesús. San Marcos escribió cerca de 10 años después de Jesús y lo hizo para los cristianos de Roma, tomando en cuenta lo que había escuchado del apóstol San Pedro. San Lucas escribió 20 años después de Jesús, basado en lo que él mismo había investigado, y fue escrito como resumen a Teofilo, un particular. Finalmente, San Juan escribe 60 años después. Durante todo este tiempo, los Evangelios no eran conocidos por todos los cristianos, sino por unos pocos.

Si leemos I Corintios 15, 1 y I Corintios 11, 23, nos damos cuenta que San Pablo predicaba lo que había recibido por Tradición. ¿Te has puesto a pensar dónde dice, en las Epístolas de Pablo, que estas son Palabra de Dios para toda la Iglesia? ¡En ninguna parte!, pues eran cartas que Pablo escribía para las comunidades por él evangelizadas con instrucciones y correcciones. ¡San Pablo nunca pensó que un día sus cartas serían Palabra de Dios para la Iglesia!

¿Sabías que ninguno de los Apóstoles jamás leyó un Nuevo Testamento como lo conocemos ahora? ¿Ni ningún Apocalipsis? ¿Ni ninguna Epístola? ¡Y todos, con excepción de Juan, sellaron con su sangre la palabra predicada!…Todos estos cientos y miles de mártires, ¿de dónde aprendieron la fe si no existía un Nuevo Testamento? ¡De la predicación y de la Autoridad de la Iglesia!

Por más de 300 años se predicó sin Nuevo Testamento, y son estos los años de más mártires por proclamar el Señorío de Jesucristo.

En época de la Iglesia Apostólica, circularon multitud de falsos evangelios, epístolas y Apocalipsis. Algunos, que todavía la Nueva Era trata de filtrar al cristianismo, son: el Evangelio de Simón, el de Tomás, el de Nicodemo, el de María, el de la Infancia de Jesús y el protoevangelio de Santiago. Todo esto circuló en las diferentes comunidades, mientras la Iglesia inmersa en las persecuciones ponía sus esfuerzos en mantener la fe de sus hijos y no podía hacer mucho por clarificar la situación. Fue en el año 397 en Cartago, norte de África, donde la Iglesia Católica, en concilio de Obispos -siendo Obispo de Roma Siricio-, definió qué libros eran y qué libros no eran Apostólicos. Esto 50 años después de Constantino, para desesperación de nuestros hermanos protestantes.

¿Qué método utilizaron, después de 300 años, para definirlos? La Tradición. Cada Obispo (católico) Escudriñaba en la Tradición de su territorio si el libro presentado venía o no de los Apóstoles. Al final quedaron 27 libros, que es lo que hoy se conoce como Nuevo Testamento.

Recuerda hermano: si tu hoy tienes el Nuevo Testamento, es por que la Iglesia Católica lo definió con su autoridad. Dudar de la Iglesia Católica, es dudar de los evangelios.

Ahora bien, el mundo no estuvo sin Libro Sagrado por 397 años, ¡lo estuvo por 1531 Años! Si los cristianos leyeran un poco más de historia de la Iglesia, se ahorrarían muchas confusiones. La imprenta fue inventada hace menos de 500 años. Es lógico, que antes de la imprenta era muy difícil componer un libro, pues estos se hacían a mano, página por página. Los monjes (Católicos también, ¡qué casualidad!), escribían página por página y oraban al mismo tiempo (Como los escribas de Israel). Tomaba más de 10 años componer una sola Biblia. Los historiadores dicen, que en el siglo XIII una Biblia costaría el equivalente a 2, 700.00 US, ¡una cantidad desorbitante para esos tiempos!, por eso, casi nadie tenía Biblia y no -como dice un mito protestante- porque estuvieran prohibidas[4]. Además del precio, las personas no tenían Biblia porque casi nadie sabía leer en esos tiempos, ni siquiera los nobles, y solo los monasterios eran el foco del conocimiento donde se estudiaba y se cuidaba.

¿Te has puesto a pensar que si la Biblia llega a nuestros días, es porque la Iglesia la cuidó? Por 1517 años no existió otra Iglesia.

¿Cómo se conocía la Palabra de Dios en esos tiempos? Por la predicación, que era lo mandado por el Señor: “Predicar a toda criatura”.
El pueblo de Dios aprendía por las estatuas, relieves y vitrales de las Iglesias. Por eso a las grandes Iglesias se les llamaban “Biblias de Piedras”. Así pues, el pueblo conocía los hechos bíblicos mirando esto gráficamente. La imprenta surge en Alemania al mismo tiempo que la Reforma Protestante y Lutero imprime miles de Biblias y predica la “libre interpretación” la cual, ya vimos, no es mandada por el Señor. De aquí nacen miles y miles de controversias y divisiones en el naciente protestantismo.

Viendo la Iglesia Católica estas múltiples fracturas, prohíbe el uso de la Biblia en lenguaje nativo, para evitar este desastre de división y se remite al Pueblo de Dios por la predicación que es lo mandado por Jesús. Decisión discutible o no, pero que salva la unidad de la Iglesia.

La interpretación personal de la Biblia no es infalible y conlleva a errores, prueba de esto son las disputas y divisiones que vemos hoy en la Iglesia Protestante donde hay tantísimas Iglesias con doctrinas diferentes y algunas veces hasta contrarias. ¿Son estas doctrinas del Espíritu Santo? ¡No, rotundamente NO!, pues el Espíritu Santo NO SE CONTRADICE.
¿Cómo puede el Espíritu Santo decir a los Luteranos que la Eucaristía es la verdadera presencia de Cristo, y luego decirle a los Bautistas que es solo un símbolo?
¿Cómo puede el Espíritu Santo decir a los Metodistas que está bien tener ministros femeninos y decirle a los Bautistas que no es bíblico?
¿Cómo puede el Espíritu Santo decir a los Adventistas de Séptimo Día que el sábado es el día de adoración y luego decirle a los Presbiterianos que el día de adoración es el domingo y no el sábado?
¿Cómo puede el Espíritu Santo decir a los Luteranos que la Bendita Virgen María fue y sigue siendo virgen, y después decirle a los Bautistas que ella tuvo otros hijos?
¿Cómo puede el Espíritu Santo decir a los Bautistas, “una vez salvo siempre salvo”, y decirle a la “Iglesia de Cristo” que la doctrina “Sola Fides” no esta en la escritura?
¿Cómo puede el Espíritu Santo decir a los Episcopales que bauticen a los niños y luego a los Pentecostales, que el bautismo de niños es inválido?
¿Cómo puede el Espíritu Santo decir a los Mormones que la Santísima Trinidad son tres personas separadas, y luego a los Metodistas, que la Trinidad son tres personas en un solo DIOS? El Espíritu Santo nunca les ha dicho nada a ellos, han sido sus propias interpretaciones las que los han guiado a decidir qué “les parece” que se debe tomar o dejar; y aunque en algunas cuestiones acierten -pues siempre toman algo de el tronco del que se separaron: La Iglesia-, la mayoría de las veces las doctrinas de cada una de estas “Iglesias” están viciadas con los pensamientos y sentimientos de quien la fundó.

Comparemos la Biblia con la Constitución de Estados Unidos. ¿Se puede interpretar la Constitución libremente por los ciudadanos y sacar sus propias leyes? La respuesta es ¡NO! Hace falta que la Corte Suprema la analice y ella sola toma la única e inapelable conclusión de lo que quiere esta decir, de lo contrario sería el caos.
En el Cristianismo, Dios estableció una “suprema corte” que es la Iglesia Católica, de quien dijo Pablo en I Timoteo 3, 15 es “pilar y base de la verdad”.

NOTA ACLARATORIA: No se mal interpreten estas líneas que se acaban de leer, pues en ellas de ninguna manera se está rebajando el valor de la Biblia, sino que más bien, se está poniendo en el lugar que le corresponde. Basta dar un vistazo a la historia de la Iglesia para quedar convencidos del gran valor que ésta siempre la ha dado a las Sagradas Escrituras. Sin embargo debe quedar claro que la autoridad de la Iglesia, está por encima de las Sagradas Escrituras, pues fue con esta autoridad con la que se definió el canon de las mismas.

“No creería en el Evangelio, si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia Católica”

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