¿Por qué la Iglesia Católica cambió los Diez Mandamientos, eliminando el segundo, para justificar la idolatría?
Frecuentemente escuchamos decir a los hermanos no católicos la siguiente pregunta ¿Por qué la Iglesia Católica cambió los Diez Mandamientos, eliminando el segundo, para justificar la idolatría?
Y más frecuente todavía es que utilicen su proselitismo anticatólico citando el pasaje de Apocalipsis 21,8
Pero lo que deben saber nuestros hermanos no católicos, es que este pasaje (Apocalipsis 21,8) también condena la mentira y las acusaciones que se hacen sobre los demás, sobre todo a la Iglesia de Cristo
Pues bien, no se puede acusar de algo cuando no se conoce lo que realmente es, en este caso la doctrina católica
Veamos lo que nos muestra el Catecismo de la Iglesia Católica
2112 El primer mandamiento condena el politeísmo. Exige al hombre no creer en otros dioses que el Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades que al único Dios. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los “ídolos […] oro y plata, obra de las manos de los hombres”, que “tienen boca y no hablan, ojos y no ven”. Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: “Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza” (Sal 115, 4-5.8; cf. Is 44, 9-20; Jr 10, 1-16; Dn 14, 1-30; Ba 6; Sb 13, 1-15,19). Dios, por el contrario, es el “Dios vivo” (Jos 3, 10; Sal 42, 3, etc.), que da vida e interviene en la historia.
2113 La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. “No podéis servir a Dios y al dinero”, dice Jesús (Mt 6, 24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a “la Bestia” (cf Ap 13-14), negándose incluso a simular su culto. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina (cf Gál 5, 20; Ef 5, 5).
2114 La vida humana se unifica en la adoración del Dios Único. El mandamiento de adorar al único Señor da unidad al hombre y lo salva de una dispersión infinita. La idolatría es una perversión del sentido religioso innato en el hombre. El idólatra es el que “aplica a cualquier cosa, en lugar de a Dios, la indestructible noción de Dios” (Orígenes, Contra Celsum, 2, 40).
Si la Iglesia quisiera ocultar la verdad a sus fieles, ¿creen que lo pondría en su Catecismo?
Tal vez aquí es donde entran en acción nuestros hermanos no católicos argumentando que en el Catecismo se escribe como Primer Mandamiento, cuando realmente, según ellos, es el segundo, pero recordemos que la organización de la Biblia en capítulos y versículos tal como hoy la conocemos es el trabajo de tres personajes: Stephen Langton, Santos Pagnino y Robert Estienne, en un proceso que viene a durar más de tres siglos, el cual se inicia en 1220 y se culmina en 1555. La división de los mandamientos en una agrupación basada en una obra humana que excede por más de un milenio la escritura de la Biblia, por personas que ni siquiera eran los propios hagiógrafos, es algo que no pretendían ni siquiera quienes hicieron este trabajo. Ellos buscaban solamente facilitar a las personas la ubicación de pasajes específicos dentro de la Biblia. Nosotros utilizamos la agrupación de San Agustín, que con fines catequéticos agrupa los mandamientos de esa manera. La misma organización utilizó Martín Lutero y la siguen utilizando las iglesias luteranas. Así, lo que ustedes llaman primero y segundo mandamiento, para nosotros es uno solo, en el cual la prohibición de hacer ídolos es una reglamentación del primero y se refiere a lo mismo, pues si alguien se hace un ídolo y lo adora ¿no está violando el que ustedes también consideran el primer mandamiento que dice “no tendrás otros dioses delante de mí”?
En el siguiente pasaje vemos que no fue la Iglesia Católica quien cambió los mandamientos, puesto que Jesús mismo es quien cita el primer mandamiento cuando un fariseo que le pregunta cuál es el primer mandamiento y le responde citando Deuteronomio 6,4-5: “Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.»” (Marcos 12,29-31).
El Catecismo de la Iglesia Católica enuncia el primer mandamiento de varias maneras, y en ocasiones de manera resumida así: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, pero eso no es distinto a lo que hace Jesús al citar Deuteronomio 6,4-5 al responder al fariseo, pues quien ama a Dios sobre todas las cosas, no tiene otros dioses fuera de Él, ni adora ídolos.
Continuando con la división de los mandamientos en capítulos y versículos, nos podemos encontrar con el siguiente argumento de los hermanos no católicos. “El décimo mandamiento lo han dividido en dos, para así justificar la ausencia del segundo” “No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.»” (Éxodo 20,17).
Si estudiamos bien el texto encontraremos dos prohibiciones distintas, porque una condena la concupiscencia de la carne, que es provocada por la lujuria y se manifiesta en el deseo desordenado por la esposa o esposo del prójimo, y la otra condena la codicia del bien ajeno que es provocada por la avaricia.
En el libro del Deuteronomio, donde aparecen también enunciados los mandamientos, se puede apreciar esto más claramente, pues da un orden distinto:
“No desearás la mujer de tu prójimo.
No codiciarás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo” (Deuteronomio 5,21).
Aquí se distingue mejor las prohibiciones por separado, pues se utilizan verbos distintos, “desear” y “codiciar”
Jesús mismo cuando enunció los mandamientos dijo: « ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.» « ¿Cuáles?» - le dice él. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.»” (Mateo 19,17-19) Aquí también aparecen en un orden distinto a cómo aparecen en el libro del Éxodo ¿lo acusamos también de mutilarlos?
Una cosa es que estén en desacuerdo en la forma de agruparlos, lo cual es completamente lícito y respetable, y otra levantar una acusación tan grave como es la de que los mutilamos y ocultamos dicha prohibición de nuestros catecismos. Ahora que con el Catecismo en mano hemos visto que no es cierto
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