LA MÚSICA PROTESTANTE Y LA LITURGIA CATÓLICA

Padre Javier Alson, smc

Ante todo hay que aclarar cómo debemos percibir a los protestantes. La Iglesia católica los llama ahora los hermanos esperados, ya no los hermanos separados, como se utilizó durante algún tiempo. El movimiento ecuménico (la búsqueda de la reunificación de la Iglesia) ha profundizado bastante en la sensibilidad de los cristianos de varias denominaciones, incluyendo a los católicos.
Desde el punto de vista doctrinal podemos considerar a los protestantes como unos cristianos auténticos pero con ciertos límites en cuanto a la revelación y la doctrina. Esto se refleja también a nivel de las producciones musicales. Al tener esta consideración estamos entendiendo que lo que ellos producen a nivel musical no es intrínsecamente malo, no lo hacen con mala intención sino que tiene un valor, un don de parte de Dios. Pero que puede quedar limitado en cuanto al valor doctrinal, litúrgico o eclesial, es decir, la profundidad que se requiere en la música cristiana no es fácil de alcanzar y a los católicos no les conviene pensar que la producción protestante es la de mayor profundidad y amplitud para ser imitada o utilizada indiscriminadamente.
Debemos tener una actitud abierta ecuménicamente con nuestros hermanos esperados, reconocer su dones e incluso estar dispuestos a imitarlos si es necesario en cuanto a esos dones, pero no confundir los papeles, no obscurecer la realidad de la profundidad doctrinal, la plenitud de la revelación que descansa en la Iglesia católica, en tanto que los protestantes tienen siempre algún limitante en esa doctrina, una cosa es ser abiertos en el amor fraterno y en la búsqueda ecuménica y otra es mezclarse sin criterios ni discernimiento y hacer un “arroz con mango”.
Nosotros no tenemos que tener miedo de enfrentar la búsqueda de la verdad pero necesitamos formarnos en profundidad para no quedar confundidos ante los planteamientos de nuestros hermanos esperados.

ASPECTO HISTÓRICO

El movimiento protestante se inició en el siglo XVI en Europa, Alemania y Suiza, con Lutero, Zuinglio, Calvino y otros reformadores. Ellos querían centrar todo en Cristo, en la sola fe, la sola gracia, la sola Escritura. Al final lamentablemente ocurrió la ruptura que todavía hoy se mantiene a pesar de los esfuerzos que se han ido haciendo de volver a la unidad perdida.
La insistencia protestante en la sola gracia, la sola fe, lleva a una disminución del aspecto humano antropológico y a la vez de la importancia y densidad de la Iglesia como tal, y de su acción específica salvífica en los sacramentos.
Aunque al comienzo ellos no partieron con la idea de rebajar la importancia de los sacramentos o de negar el amor a María, sin embargo por esta tendencia tan fuertemente hacia la sola gracia, la sola fe, la sola Escritura, el mundo protestante fue ampliamente reduciendo el valor de los sacramentos y el valor del amor y devoción a María y a los otros santos.
En este momento la Iglesia luterana tradicional se ha acercado bastante a la forma de celebrar católica y se ha profundizado mucho en el diálogo entre ambas iglesias dándose un acercamiento cada vez más afectivo y efectivo. Pero las sectas protestantes, que han nacido desde hace unos cien años, y que para ellos mismos son consideradas como sectas y se sienten acosados por ellas, muchas veces no tienen una búsqueda doctrinal seria profunda y sistemática sino que se aferran a aspectos de la Escritura para diferenciarse unas de otras y poder hacer un cuerpo aparte, atomizándose cada vez más.

LA SOLA FE

El resultado de toda esta tendencia es la salvación por la sola fe, es decir, yo me salvo porque creo en Jesús, que él es mi Salvador y murió por mí. Lo que de verdad es necesario, importante e indispensable es ese acto de fe en sí mismo, por medio de esa fe se da la salvación, porque se aplica a la persona la redención de Cristo, quien no crea en eso, no se le aplican los méritos de Cristo y no se salva.
La vida religiosa del protestante se ve presionada por ese puro acto de fe y pierde la importancia de cualquier otro aspecto en esa vida religiosa. El esfuerzo del protestante es tener ese acto de fe puro y sincero, lo demás no es relevante.
Lo que vale es la sola gracia de Dios, no vale ningún esfuerzo o acto humano para salvarse, y la forma de salvarse es simplemente creer en la salvación, no se puede hacer más nada sino solamente creer, porque es la gracia de Dios que nos salva.
La revelación está en la Sagrada Escritura y no hay nada que valga la pena aparte de eso, los escritos de los primeros Padres de la Iglesia, la Tradición acumulada, todo eso no vale prácticamente nada, porque lo único que vale es la Biblia.
Además el protestante en general busca su salvación personal por la pura fe y no toma mucho en cuenta al hermano a menos que no sea para llevarlo a su fe protestante, incluso en las obras de misericordia de ellos su interés más profundo es la conversión de las personas a su fe. Un gran teólogo, el más importante del siglo XX, que era protestante reformado, Carl Barth, dijo un día: “la diferencia entre un católico y un protestante es que el católico da la vida por su hermano”.
Este aspecto de la caridad, de atender al prójimo, de servirlo, está en el corazón del catolicismo, nos salvamos no simplemente por un acto de fe sino que tenemos que amar al hermano, lo que le hagamos al hermano se lo estamos haciendo a Dios, como dice Juan el Evangelista: Quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama al hermano a quien ve es un mentiroso (Cf. 1 Jn 4,20). Es decir, que para el católico el amor al hermano es esencial en el proceso de la salvación y si no se da está demostrando que en verdad no amamos a Dios y por lo tanto no debemos ilusionarnos de que ya estamos salvados si no amamos de verdad al hermano. De hecho las obras de misericordia en general son de los católicos; los protestantes no las hacen, porque su interés básico es salvarse por medio de la fe.

LA LITURGIA

Por eso la liturgia ha perdido densidad en los protestantes; la gracia nos viene por el puro acto de fe, lo demás no tiene importancia.
Para el católico también la base es la fe en Cristo, él es nuestro Salvador, él dio su vida por nosotros, pero además él fundó la Iglesia que tiene una densidad salvífica. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo y su acción trae la gracia de Dios, no solamente la fe de los que van a la Eucaristía produce la presencia viva, real y salvífica de Cristo en ella sino que la acción del Ministro ordenado, la celebración anamnésica de la Cena del Señor, la Pascua de Cristo, nos hace entrar cada vez de nuevo en ella y recibir sus beneficios espirituales. En otras palabras, en cada Eucaristía Jesús está salvándonos de verdad, su presencia no se termina nunca para los que lo buscan en ella.
El católico para buscar la salvación hace el acto de fe sincera en Cristo Salvador, pero lo busca de recibir concretamente y realmente en la Eucaristía. Un católico de verdad no puede vivir sin la Eucaristía. Según nos dice el Concilio Vaticano II la Eucaristía es el centro y el culmen de la vida cristiana (Cf. PO II,5). De ella nos alimentamos y en ella expresamos más plenamente nuestra fe.
Para el protestante que conocemos en general, el participar en una celebración litúrgica es un hecho circunstancial, se reúnen juntos pero no porque esa reunión sea importante en sí misma, sino que es la forma de recibir la predicación del pastor y hacer un acto de fe individual. La asamblea de la Iglesia es más instrumental que efectiva.
Para el católico la Misa es densamente salvífica, todos están viviendo la fe, pero en comunión, reciben la Palabra y la predicación pero también reciben el Cuerpo verdadero de Cristo. El ir a la Misa para el católico es esencial en sí mismo en tanto que para el protestante es algo funcional y práctico.

LA MÚSICA Y LA LITURGIA

Para los católicos la música está completamente al servicio de la celebración litúrgica, el centro de todo es la liturgia en sí, no la música. Para el protestante la música es en sí misma salvífica, es en cierta forma como una predicación, tiene que llevar al creyente a una experiencia de Dios, de fe auténtica, porque ellos no apuntan a la Eucaristía, porque no creen en ella en el sentido que realmente tiene (al menos la mayoría de las sectas que nos rodean).
Por eso para el católico la música no tiene en el fondo tanta importancia, porque su centro es la Eucaristía, los sacramentos.
Un protestante que pone un CD en su carro o en su casa y tiene un acto de fe profundo gracias a esa música ya siente que ha cumplido su búsqueda de Dios y prácticamente no le hace falta ir a la reunión litúrgica porque en ella va a hacer lo mismo que hizo en su casa o en su carro. Por eso se han creado las famosa “iglesias virtuales”, basadas en un predicador de televisión donde los fieles escuchan desde sus casas y de alguna manera lo apoyan. En este sentido es más fácil para el protestante desaparecer como iglesia, como de hecho está ocurriendo en algunas zonas centro europeas, porque los fieles pueden llegar a sentir que ya han hecho el acto de fe y por lo tanto no asisten al culto en tanto que para el católico el ir a la misa es fundamental, porque allí van a recibir el cuerpo de Cristo y por lo tanto la salvación.
Un católico escucha una canción de Dios y se siente bien, se motiva, aumenta su devoción, pero todo eso le va a empujar hacia la Eucaristía de manera más fuerte, en ningún momento se le ocurrirá que ya ha cumplido con Dios por haber sentido un momento de paz, de alegría espiritual, siempre la Eucaristía será su centro de vida religiosa.

EL CONTENIDO MUSICAL

Por lo mismo que hemos aclarado la tendencia general de la música protestante será más individualista, intimista, a fomentar una relación individual con Dios, directa, sin tomar en cuenta la Iglesia ni los sacramentos; tratará de basarse en la sola Escritura, sin utilizar otros escritos de la Tradición cristiana, nunca tomará en cuenta a María o a los otros santos.
La música católica tiene otras tendencias básicas. Además de las tendencias intimistas e individualistas, de sentir a Dios en forma personal e íntima, que también se dan en las producciones católicas, sin embargo hay una enorme gama de aspectos que entran en ella como el tema de la Eucaristía y los otros sacramentos como el Bautismo, la Confirmación, Confesión, Matrimonio, Orden Sacerdotal e incluso la Unción aunque menos frecuente. Además de los sacramentos también entra el tema de la Iglesia, del Papa, del servicio al hermano y el gran tema de María y de los demás santos.
Hay una enorme gama de producciones católicas que muchas veces ni siquiera son conocidas porque pertenecen a las congregaciones, a los colegios, a los carismas religiosos, o son propios de parroquias, diócesis, movimientos, etc. La mayoría no están grabadas en CDs.

LA ACTITUD ANTE LA MÚSICA PROTESTANTE

Hay que decir primeramente una cosa, el mayor intercambio ecuménico siempre ha sido en el aspecto musical, desde el comienzo los himnos y cantos se han movido hasta cierto punto de una a otra iglesia. Los grandes compositores fueron tanto católicos como protestantes, por ejemplo el “Aleluya” de Hendel es utilizado ampliamente en muchísimas celebraciones y Hendel era protestante, en tanto que la música de “Las cuatro estaciones” es de un monje católico, Vivaldi, y se utiliza en multitud de eventos, películas, fondos musicales, etc. Ya son universales.
Dentro de nuestra experiencia eclesial a veces utilizamos cantos que han nacido en los protestantes, sobre todo los carismáticos, otras veces en los católicos, pero que ya son universales, ya son de todos, pensemos en “Una mirada de fe”, “Alabaré”, “Como corre el río”, etc, ¿Quién realmente los ha producido?, ¿Quién los usa?
Hay que también resaltar otro aspecto histórico importante, los protestantes desde el comienzo dieron menor densidad a los sacramentos, a la Iglesia y a la liturgia y desarrollaron más la música, justamente para llenar ese vacío. Una misa sin cantos vale igual que una con cantos, la misa del Padre Pío era totalmente silenciosa, pero los fieles salían llenos de Dios. En cambio un culto de predicación sin música al perder la Eucaristía y dejar solamente la Palabra debe llenarse con una experiencia que toque los sentidos, que motive el alma, y lo que más se acerca a la experiencia del espíritu es la música. Los protestantes tienen 500 años de desarrollo musical más fuerte que los católicos, no debemos escandalizarnos ni extrañarnos de ello, pero eso no implica que su actitud eclesial y doctrinal sea más profunda, o que sus iglesias a la larga sean más fuertes y perseverantes.
Una vez tuvimos una experiencia interesante; un grupo parroquial celebró la Eucaristía en acción de gracias por la producción de su CD musical y después hizo un pequeño concierto dentro del templo. Uno de los jóvenes del grupo había sido protestante y comenzó a hacer una alabanza tipo pentecostalista y duró un rato casi gritando, alabando, moviéndose. La gente se quedó un poco extrañada, escuchando pero sin hacer nada. Después yo reflexioné que la gente acababa de comer el banquete de Cristo, su cuerpo bendito, estaba saciada de él, y este joven quiso llevar a la gente a una experiencia que de verdad sintieran a Dios, pero todo su esfuerzo no le llegaba ni a las zuelas de los zapatos a lo que significa la Eucaristía. Es como ir a un gran banquete y luego comerse unas empanadas en el kiosco de la esquina para de verdad sentirse alimentado y satisfecho.

EL AÑO LITÚRGICO

Hay una realidad muy importante que tomar en cuenta, el año litúrgico. En el catolicismo se vive la liturgia enmarcada dentro del año litúrgico; cada época es diferente, trae distintos colores en las vestiduras del sacerdote, distintas oraciones, lecturas, ambiente espiritual, y distintos cantos. Esto ayuda al pueblo a vivir un ritmo que no cansa, que varía en el año, y al mismo tiempo a profundizar el misterio de Cristo porque a cada momento se le da su importancia. Pensemos en el tiempo de Adviento, la espera del Mesías, con sus cantos típicos de aguinaldo incluidos en la novena antes de Navidad, el tiempo de Cuaresma, preparación penitencial para vivir el gran misterio de la Pascua de Cristo, con sus prácticas espirituales, sus ayunos y abstinencias, sus oraciones y lecturas bíblicas y también sus cantos e himnos propios del tiempo, su llamado a la conversión y a la confesión.
Para una secta que simplemente realiza el culto a Dios como un acto de fe, y no le da valor a las demás manifestaciones ni expresiones religiosas, es fácil que la gente se canse, todo el año lo mismo, es como tener un grupo de oración, lo cual no es malo en sí mismo, pero negando la liturgia auténtica y el año litúrgico sí es muy limitante.
El año litúrgico es fuente riquísima para la creación y utilización de muchos cantos que para los protestantes está sumamente limitado, justamente por el empobrecimiento del valor de la Iglesia y de sus sacramentos y su liturgia en general.

LA MÚSICA Y LA ECONOMÍA

Otro aspecto importante a resaltar es que para el protestante muchas veces la música es una manera de vivir, ellos ligan la religión con la prosperidad económica, en este sentido tienen una mentalidad como los judíos que consideran que si Dios bendice a alguien también le da bienestar económico y material y los sufrimientos y pobreza son prácticamente castigo de Dios por causa del pecado.
Un pastor protestante le conviene separarse de su secta para ser el que recibe el diezmo, y muchas veces les pasa eso a ellos; crece una figura que termina compitiendo con el pastor mayor y busca de fundar otra iglesia, pero debe buscar alguna excusa doctrinal para separarse, alguna desavenencia, algún desacuerdo. Al final el nuevo pastor tiene su propio rebaño que le da el diezmo y él no tiene que rendirle cuentas a nadie.
Con la música pasa algo semejante, hay cantantes protestantes que graban un CD en Barquisimeto con los músicos de Oscar de León, se gastan unos millones en un día de grabación y tienen una producción completamente profesional en cuanto a la música y muchas veces también en cuanto a la voz. Esta producción se difunde como música profesional y va al mercado con un sentido comercial, además del sentido evangelizador que pueda tener.
Para el católico la economía no está directamente ligada a la religión, la pobreza es una virtud y no una maldición, ver un cura rico es algo chocante. El sacerdote o la religiosa deben dar la vida por sus hermanos y normalmente nunca acumulan riquezas para sí. El católico que produce música, sea sacerdote o laico, en general no está pensando vivir de eso, puede ser que lo tome también en forma mercantilista, pero siempre será limitado, y más aún para el sacerdote, que está constantemente en contacto con las necesidades de su prójimo y tiene tendencia a ayudarlo por ese contacto directo.
El nivel profesional del músico católico, por muy bueno que sea no llega tan lejos. A veces hay personas especiales como Martín Valverde o la Hermana Glenda que tienen un don especial pero se centran más que todo en Dios, en la evangelización, y aunque sean virtuosos, su éxito no se debe a su profesionalismo sino al don espiritual que transmiten con su música.
Hemos tenido la experiencia de grupos parroquiales que grabaron un CD y se destruyeron por lo económico con el CD, cada cual jalando para su lado, quería agarrar algo para sí.

RECOMENDACIONES

Ante todo hay que producir, el que no produce consume, el que no piensa lo piensan. No significa que no podemos consumir otras músicas de otras personas o usar ideas ajenas, sino que debemos motivarnos a sacar la inmensa riqueza de gracia y doctrina que tiene la iglesia católica. ¡Hay tantas cosas que cantar! Es importante diferenciar la música para la liturgia y la música para retiros, festivales, conciertos, para escuchar en la casa, etc.
En el aspecto litúrgico es necesario formarse con la inmensa cantidad de documentos y orientaciones que ha dado y sigue dando la Iglesia. Es bueno hacer la acotación de que el lenguaje viviente es el que se mantiene a lo largo del tiempo, y las canciones que se usan en la Misa son las que perduran más en el tiempo y se difunden más, pensemos en “Pescador de Hombres” o “Hazme un instrumento de tu paz”, que tienen decenas de años en la Iglesia y no pasan de moda y se cantan en prácticamente todos los grandes idiomas, como el inglés, el francés, el italiano, el español, etc. Una canción que no entre en la liturgia desaparece mucho más rápidamente.
En cuanto al contenido es importante aclarar la doctrina cristiana católica, el valor de la fe, pero también el valor de la Iglesia, de los sacramentos, de la Eucaristía, la comunión de los santos, en especial María, la madre del Señor, entre otros aspectos. La producción de música católica apunta además a la evangelización de la cultura e inculturación del evangelio. Como vemos el caso de la Divina Pastora, que invade todos los medios de comunicación por unos días y si hay producción musical con profundidad doctrinal y bien hecha será un excelente medio de evangelizar al pueblo por medio del amor y devoción a María.

¿QUÉ HACEMOS CON LA MÚSICA PROTESTANTE?

Hay muchos criterios, voy a dar mis ideas personales, que no son una norma obligatoria sino una opinión para compartir. De hecho hay varias canciones que se usan en ambas iglesias y sería bastante difícil hacer un corte quirúrgico para dividirlas.
Hay canciones protestantes que utilizadas en un contexto católico adquieren su plenitud de gracia, pensemos en la canción “Te adoro Jesús” (Al contemplarte a ti en tu divinidad… te adoro a ti, te adoro a ti…) cantada en una exposición del Santísimo Sacramento, queda espectacular, aunque tenga origen protestante, pero fuera de ese contexto queda simplemente como un acto de fe intenso pero desligado completamente de la Eucaristía.
Pero en general las canciones protestantes quedan en ese sentido intimista, individualista, y no aportan demasiado al sentido eclesial, de comunión, sacramental. Es importante discernir bien si se va a utilizar un canto protestante porque puede debilitar la Eucaristía, puede debilitar el sentido de adhesión eclesial del creyente a la Iglesia. En general la regla del canto litúrgico es que forma parte armónica con la Palabra, el tiempo litúrgico, la comunidad, el celebrante, etc. No es simplemente sacar una canción del sombrero mágico para tapar un hueco sin ningún discernimiento o porque a mí me gusta.
Otro argumento en contra del uso de cantos protestantes es que los fieles lo oyen dentro de la misa, luego en una emisora o programa protestante oyen los mismos cantos y por allí se pegan y se les va metiendo la doctrina protestante. Esta doctrina sutilmente va cambiando la mentalidad y en el momento menos pensado le es lógico al creyente convertirse a protestante.
En general ya los católicos han reaccionado y están produciendo bastante música, pero aún así no pocas veces les falta contenido y profundidad doctrinal o son influenciadas por las canciones protestantes, por una especie de complejo respecto a ellas. En este momento esta producción católica suple bastante las necesidades pero hay que seguir insistiendo y produciendo más, formando a los católicos mejor, aprovechar cualquier ocasión para formar y así reforzar la Iglesia realmente.
Podemos decir que si es posible como primera opción es más recomendable no utilizar los cantos protestantes aunque conscientes de lo dicho anteriormente en cuanto a la mezcla, después podemos decir que tampoco vamos a hacer un anatema, como un rechazo radical de este uso, sino más bien concienciar el límite de su doctrina y ayudar a la gente a madurar en este aspecto, explicando a los grupos, a partir de las mismas canciones, lo que implica su contenido, a lo que nos lleva como Iglesia, etc.
Además debemos evitar el uso de canciones de artistas protestantes famosos que están vigentes en este momento porque sería como fomentar la cultura protestante. También hay que diferenciar aquellas producciones protestantes que son para el culto y las que son de artistas, en general las del culto son más utilizadas por los católicos.

UNA PALABRA FINAL

La invitación es a trabajar seriamente en la dimensión litúrgica y musical de la Iglesia, no quedarse simplemente en el quejarse o anatemizar. Formar a los grupos musicales de las parroquias, motivarlos para que sean productores y no simplemente consumidores, darles un mejor nivel doctrinal y concientizarlos para que su producción sea de mejor calidad y se pueda expandir más fácilmente, fomentar la participación en festivales pero que incluyan la formación para los grupos, motivar a los sacerdotes para que den el tesoro que llevan por dentro y enseñen más a sus fieles en este aspecto, en fin poner a vibrar el don del canto y de la música, que es don de Dios y mediante ese don hacer a la Iglesia cada vez más hermosa.

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