LOS PROTESTANTES DICEN QUE LOS SIETE LIBROS DEUTEROCANÓNICOS NO ESTABAN INCLUIDOS EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS DE LOS PRIMEROS SIGLOS. PERO ESO ES OTRA MENTIRA.
Alvaro Molina
#Lioenlasredes
Los siete libros Deuterocanónicos siempre fueron parte del Canon Alejandrino, también llamado Canon Largo, o mejor conocido como La Septuaginta.
Los judíos, hacia finales del siglo I, decidieron eliminar del Canon Palestinense, o sea del canon judío, los siete libros, por considerarlos no inspirados o por estar contaminados con cosas procedentes de la diáspora. También rechazaron tajantemente todos los libros que hoy forman el Nuevo Testamento, y decretaron que Jesús no era más que el hijo bastardo de una campesina de Nazaret, con lo cual también rechazaron de tajo al cristianismo y lo persiguieron.
Pero los judíos solo pudieron tocar su propio canon. El canon de La Septuaginta permaneció intacto, porque ese canon estaba en manos de los cristianos del primer siglo, y así fue como se preservaron los siete libros, reconociéndolos con la misma autoridad e inspiración que el resto de los libros.
El problema de los siete libros Deuterocanónicos en el Antiguo Testamento fue un problema meramente de los judíos, problema que ellos dieron por resuelto en el siglo I. Jamás fue un problema del cristianismo. El protestantismo fue el que se dio a la tarea de revivir un problema ajeno y pretendieron forzarlo a ser problema del cristianismo. La verdad es que es un problema solamente del protestantismo, porque en el cristianismo católico seguimos usando esos siete libros, tal como se ha hecho a lo largo de veinte siglos de cristianismo católico. Por eso nuestra biblia tiene 73 libros, no solo 66.
Muchos alegan que algunos padre de la Iglesia tuvieron sus dudas respecto a los siete libros. San Jerónimo de Estridón fue uno de ellos. Pero esos argumentos, que pretenden presentar a algunos padres de la Iglesia Católica como una especie de "proto protestantes", no tienen base alguna. En la Iglesia Católica se vale disentir y expresar opiniones, pero las decisiones importantes, como la cantidad de libros en el canon bíblico, se toman en consenso, y el consenso de todo el Magisterio Católico es que los siete libros tienen la misma autoridad e inspiración que el resto de los libros de la biblia. Esa decisión en consenso del Magisterio Católico se dejó establecida en el Concilio de Cartago, en el 397, y luego en el Concilio de Trento, a mediados del siglo XVI.
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